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Dr. José Javier Hernández: «Los tratamientos rehabilitadores deben ser intensivos, precoces y multidisciplinares»

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..Redacción.
Anuario iSanidad 2021.
Cada año alrededor de 120.000 personas sufren un ictus en España y aproximadamente el 30% sufre algún tipo de discapacidad cerebrovascular. José Javier Hernández Martínez, neurólogo y doctor en bioingeniería, destaca la importancia de reconocer los síntomas y actuar de manera precoz para reducir las posibles secuelas. Además, para el director médico del Centro de Neurorrehabilitación Casaverde de Mutxamel, es esencial con centros especializados que puedan ofrecer una respuesta rápida y completa a los pacientes para optimizar su proceso de rehabilitación.

¿Cualquier persona puede sufrir un ictus?¿Cuáles son los principales factores de riesgo de las personas que sufren un ictus?
Sí, cualquier persona puede sufrir un ictus. Los factores de riesgo varían con la edad. En edades jóvenes, el principal factor de riesgo son las enfermedades procoagulantes, enfermedades genéticas que tienden a coagular la sangre. Entre ellas tenemos el factor V Leiden, el anticoagulante lúpico (LA), mutaciones del GPSCHR y otras patologías que pueden afectar a la coagulación de la sangre. A edades más avanzadas la proporción cambia. Dependerá mucho de los factores de riesgo y estilo de vida que lleve la persona, con más riesgo en personas fumadoras, con enolismo moderado severo, con problemas de colesterol y con tasas de glucemia altas. La causa más habitual del ictus es la causa poligénica, ya sea por placas de ateroma dentro de las carteras carótidas o problemas en el corazón.

Desde la implantación del código ictus se ha mejorado muchísimo el daño secuelar y la atención temprana en la patología cerebrovascular

¿El tratamiento urgente es clave para evitar mayores secuelas? ¿Qué síntomas identifican la posibilidad de la presencia de un ictus?
Desde la implantación del código ictus se ha mejorado muchísimo el daño secuelar y la atención temprana en la patología cerebrovascular. Y sí, esto es muy importante. De hecho, nosotros tenemos activado el Código Ictus para realizar trombólisis intravenosa a una persona que tenga los síntomas previos a cuatro horas y media, si hablamos de un territorio anterior, y hasta nueves horas en territorio posterior. Además, la posibilidad de meter un catéter para sacar el coágulo, se puede ampliar hasta las 24 horas. Pero en neurología siempre se habla de que el tiempo es cerebro. Esto quiere decir que cuanto más tiempo pase, más territorio neuronal se muere. Por tanto, es importante actuar rápidamente cuando se detecten los síntomas.

Cuando hablamos de síntomas, nos referimos a cuatro puntos cardinales: alteraciones en la visión, perdiendo un campo de visión, pérdida de fuerza o sensibilidad en brazos o piernas, alteraciones en el lenguaje o en el habla y alteraciones en el equilibrio y en la deglución. Estos cuatro puntos cardinales nos identifican, siempre con bastante seguridad, que una persona está sufriendo un ictus. Por tanto, la presencia de cualquiera de ellos una persona debe acudir a urgencias y no retrasar el diagnóstico.

Según José Javier Hernández, posiblemente el mayor talón de Aquiles que tenemos es el de diagnóstico precoz en el ictus

¿Qué importancia tiene la formación de los profesionales de urgencias y de atención primaria, incluyendo también al personal de enfermería, a la hora de detectar un ictus?
Es muy importante. Posiblemente el mayor talón de Aquiles que tenemos es el de diagnóstico precoz en el ictus. Desde hace unos años España ya es pionera en la formación de médicos de atención familiar y comunitaria, ya que los planes de estudios garantizan que los médicos que trabajan en atención primaria han sido formados también dentro de un hospital como parte de su especialización, en servicios como cardiología y neurología, por lo que suelen detectar con bastante fiabilidad y bastante precozmente los síntomas cardinales del ictus.

No sucede igual en los servicios de urgencias, ya que, actualmente, la legislación española permite trabajar en ellos sin título de especialista. Una de las cosas que se reclaman desde el ámbito médico es que la especialidad de urgencias se implante lo antes posible y, obviamente, enfermería también vaya progresando en el camino de subespecialidades. Sería interesante el personal de enfermería, que muchas veces realiza triaje en urgencias, fuera especialista de diferentes áreas. Al igual que en neurología hay una unidad especializada, que es la unidad de ictus, se necesitan enfermeros especializados para reconocer el empeoramiento y las variaciones que pueden sufrir los pacientes con ictus.

Dr. José Javier Hernández: «Los tratamientos rehabilitadores deben ser intensivos, precoces y multidisciplinares»

Sería interesante dar un paso adelante y modernizar las especialidades, tanto en el ámbito médico, como en el ámbito de enfermería. Por otra parte, ¿el ictus puede prevenirse? ¿Cómo puede prevenirse?
El ictus puede prevenirse, en primer lugar, con una vida saludable. Esto, aunque se haya dicho tantas veces y sea una obviedad, es lo más importante. Las personas fumadoras están introduciendo en sus arterias multitud de sustancias tóxicas que provocan un estrechamiento del calibre, tanto de las arterias cardiovasculares como cerebrovasculares. A nivel de alimentación, evidentemente, hay que llevar una dieta equilibrada y mantener nuestro IMC en rangos saludables, consumir verduras y frutas, reducir la bollería, las bebidas alcohólicas y carbonatadas, etc. Por otra parte, los chequeos de sangre y estudios de Doppler de las carótidas son importantes para prevenir el infarto cerebral.

Yo creo que llegará un momento en que, a partir de una determinada edad, se implantarán los estudios analíticos y los estudios de ecografía Doppler periódicos para prevenir los trombos supraópticos.

Es importante que existan centros de referencia a nivel nacional que sean capaces de proporcionar una rehabilitación intensiva, al menos tres meses

¿Qué precauciones debe seguir una persona que ya haya sufrido un ictus para evitar un nuevo episodio?
Lo primero es tomar la medicación pautada adecuadamente. Además, es esencial mantener los mismos criterios de vida saludable que ya hemos hablado: no fumar, no beber, llevar una dieta saludable, hacer deporte… Por ejemplo, es mejor que las personas que han sufrido un ictus realicen ejercicio no intensivo, de baja carga de fuerza, pero alargado en tiempo, lo que permite dilatar y relajar un poco más las arterias. Por otra parte, deben hacer sus chequeos habituales, mantener la frecuencia cardíaca dentro de un rango, la presión arterial dentro de un rango y estar educado en qué puede ser un nuevo síntoma cardinal de ictus para poder reconocerlo y reaccionar lo antes posible.

¿Cómo debe ser el tratamiento para una persona que ha sufrido un ictus?
Los tratamientos rehabilitadores deben ser intensivos, precoces y multidisciplinares. En primer lugar, el ictus debe ser tratado de manera lo más precoz posible, en lo que se conoce como “periodo ventana”. En el momento en el que se ha perdido la primera neurona que conecta con la médula y se han producido problemas motores o alteraciones cognitivas, el tratamiento precoz e indicarle a la neurona que debe recuperar ese camino es lo más importante. A partir de los 15 o 20 días se empiezan a desarrollar síntomas como la espasticidad que no dejan completar la rehabilitación. Los tratamientos deben ser intensivos porque se ha demostrado que, a mayor cantidad de horas implementadas, antes se recupera la persona y con menos secuelas se queda.

El ictus debe ser tratado de manera lo más precoz posible, en lo que se conoce como “periodo ventana”

Por último, además del número de horas de tratamiento y la precocidad, es muy importante que exista un equipo multidisciplinar con un plan de tratamiento coordinado, que marque unas directrices y pautas en función de las afectaciones y necesidades concretas del paciente. Neurología, fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia y neuropsicología trabajando en conjunto para conseguir una recuperación mayor. Hay que tener en cuenta que la rehabilitación se debe realizar en un periodo máximo de un año. A partir del año, lo que no se haya conseguido, no se consigue. El periodo más importante son los 15 primeros días tras estabilizar el proceso y los seis primeros meses de tratamiento.

A partir de los 6-12 meses la recuperación es un poco más aplanada, de menor calibre. Por eso es tan importante que existan centros de referencia a nivel nacional que sean capaces de proporcionar una rehabilitación intensiva, al menos tres meses. Así, conseguiríamos disminuir las secuelas y, por tanto, los costes sanitarios a largo plazo. Por no hablar del condicionamiento social y la reducción de la calidad de vida de los pacientes, que ven afectada su habilidad motora, su capacidad laboral y pueden requerir cuidados de otras personas de por vida. Por tanto, el ictus no solamente conlleva secuelas a una persona, sino que conlleva secuelas a varias personas.

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