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Somos lo que respiramos: el estrecho vínculo entre contaminación del aire e infartos. Dr. Alberto Cecconi

Contaminación-infartos

.. Dr. Alberto Cecconi, cardiólogo del Hospital de La Princesa. Grupo SEC-FEC Verde de la Sociedad Española de Cardiología y la Fundación Española del Corazón.
Los efectos perjudiciales de la contaminación del aire no se tienen suficientemente en cuenta cuando se valora el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares como infartos e ictus. Es habitual la creencia de que se trata de un problema que afecta a otros países lejanos; sin embargo, en Europa la contaminación del aire produce anualmente 790 mil muertes, siendo infartos e ictus sus principales manifestaciones clínicas. En ciudades como Madrid y Barcelona las muertes anuales atribuibles al exceso de contaminación superan los 6.400 y 1.300 habitantes respectivamente.

Hoy en Europa se muere más por el exceso de contaminación que por el tabaquismo. Por todo esto, urge tomar conciencia del problema para poder impulsar soluciones que mejoren la salud de nuestra población. Ante este reto, en el ámbito de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y la Fundación Española del Corazón (FEC) se ha desarrollado el grupo SEC-FEC Verde que pone el foco sobre la contaminación ambiental y sus efectos sobre la salud cardiovascular.

Para todos aquellos que se acercan a este problema de salud pública es clave entender cuáles son los componentes de la contaminación del aire y con qué mecanismo actúan sobre la salud cardiovascular.

El tamaño de las partículas contaminantes es relevante para el desarrollo de la enfermedad cardiovascular

Hoy en día, la mayoría de los ámbitos urbanos cuentan con estaciones de monitorización de la calidad del aire que miden los principales contaminantes atmosféricos, cuyos datos son públicos. Las partículas en suspensión con un diámetro menor a 2,5 μm (PM2,5) y el dióxido de nitrógeno (NO2), un componente gaseoso cuya principal fuente emisora es el tráfico urbano, representan los contaminantes cuyo efecto perjudicial sobre la salud ha sido mayormente demostrado a lo largo de las últimas 3 décadas. El tamaño de las partículas contaminantes es relevante para el desarrollo de la enfermedad cardiovascular.

Los gases y el PM2,5 alcanzan los alveolos, que son la parte más pequeña de la vía respiratoria y donde ocurre el intercambio gaseoso con la circulación pulmonar. Mediante esta vía de acceso, las partículas se difunden a la circulación sistémica alcanzando rápidamente las placas ateroscleróticas, donde incrementan los procesos inflamatorios, la disfunción endotelial y la coagulabilidad de la sangre. Todo ello se traduce en una mayor progresión de las placas de colesterol, con una mayor tendencia a romperse ocluyendo los vasos, generando infartos e ictus.

El reto social que tenemos delante es entender la necesidad de reclamar el derecho a respirar un aire sano

Ante la evidencia actual, la Organización Mundial para la Salud (OMS) recomienda para la exposición a PM2,5 un límite anual de 5 μg/m3 y un límite diario de 15 μg/m3.  Sin embargo, la legislación europea y española establece un límite anual de 25 μg/m3, muy por encima de lo recomendado por las instituciones sanitarias.

El papel de las sociedades científicas ha sido fundamental para informar sobre la importancia de una dieta equilibrada para reducir el riesgo de múltiples enfermedades y, gracias a ello, se están modificando las leyes para proteger el derecho a consumir una comida saludable. El reto social que tenemos delante es entender la necesidad de reclamar el derecho a respirar un aire sano. “Somos los que comemos”, decía Hipócrates, ya consciente entonces de los efectos beneficiosos de una dieta equilibrada. Con la llegada del motor de combustión, los médicos de hoy afirmamos: “Somos lo que comemos y lo que respiramos”.

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